Ya no me quieres!



Los besos y las caricias ya no le producían ni alegría ni satisfacción; eran sólo una cortina, tras la cual el chico se torturaba y llamaba desesperadamente a su cuerpo a la obediencia. Eran unas caricias interminables y era un sufrimiento sin fin, un sufrimiento totalmente mudo, porque Jaromil no sabía qué decir y le parecía que cualquier palabra iría a aumentar su vergüenza; la chica también estaba callada, seguramente porque ella también intuía que estaba sucediendo algo vergonzoso, sin saber exactamente si era vergüenza suya o de él; de cualquier modo, lo que ocurría era algo para lo cual no estaba preparada y le daba miedo mencionarlo.
Y luego, cuando la horrenda pantomima de caricias y besos ya no tuvo fuerzas para continuar, apoyaron las dos cabezas sobre la almohada e intentaron dormirse. Es difícil adivinar si durmieron o no, y cuánto tiempo, pero aunque no lo hubieran hecho lo cierto es que simularon dormir, porque así podían esconderse el uno del otro.

Cuando se levantaron a la mañana, a Jaromil le dio miedo mirar el cuerpo de ella; le parecía tan dolorosamente bello, tanto más bello porque no le pertenecía. Fueron a la cocina, prepararon el desayuno y se esforzaron por charlar con naturalidad.

Pero después de un rato la estudiante dijo:

—Tú no me quieres.

Jaromil quería asegurarle que no era verdad, pero ella no lo dejó hablar.

—No, es inútil que trates de convencerme. Es más fuerte que tú y esta noche ha quedado demostrado. Tú no me quieres. Tú mismo te has dado cuenta hoy de que no me quieres lo suficiente.

En un primer momento hubiera querido asegurarle a la chica que aquello no tenía nada que ver con la magnitud de su amor, pero no se lo dijo. Las palabras de la chica le habían brindado una inesperada oportunidad de disimular su vergüenza. Era mil veces más fácil soportar el reproche de la chica por su falta de cariño que la idea de que tenía un cuerpo defectuoso. Por eso no decía nada y se limitaba a agachar la cabeza. Y cuando la chica repitió la misma acusación él dijo, con voz deliberadamente insegura y poco convincente:

—No es verdad, yo te quiero.

—Mientes —le dijo—, tú quieres a otra.

Eso era aún mejor. Jaromil agachó la cabeza e hizo un gesto de tristeza con los hombros, como si reconociera que había una parte de verdad en el reproche.


—Cuando el amor no es verdadero no tiene ningún sentido —dijo la estudiante con voz fúnebre—. Ya te advertí que no era capaz de tomar estas cosas a la ligera. No soporto ser el sustituto de otra persona.

A pesar de que la noche que habían pasado juntos había constituido un sufrimiento, a Jaromil no le quedaba más que una salida: repetir la experiencia y superar su fracaso. Por eso se veía ahora obligado a decirle:

—No, eres injusta conmigo. Te quiero. Te quiero mucho. Pero hay algo que te he ocultado. Es verdad que en mi vida hay otra mujer. Esa mujer me amaba y yo le he hecho mucho daño. Y ahora hay en mi vida como una especie de sombra que me angustia y contra la que no puedo hacer nada. Compréndeme, por favor. Sería una injusticia que ya no quisieras que nos volviéramos a ver, porque yo te amo a ti, solamente a ti.

—Yo no digo que no quiera que nos volvamos a ver, lo único que digo es que no soporto a ninguna otra mujer, ni aunque sea una sombra. Compréndeme, para mí el amor es algo absoluto. Para mí en el amor no hay medias tintas.

Jaromil miraba la cara de la chica, sus gafas, y el corazón se le encogía al pensar que fuera a perderla; le pareció que tenían muchas cosas en común, que era capaz de comprenderlo. Y sin embargo no podía ni debía confiarle sus problemas y tenía que poner cara de que una sombra fatal lo aprisionaba, de que su propio ser estaba partido en dos, de que era digno de compasión.

—¿Y el amor absoluto no significa —arguyó— la capacidad de comprender al otro y de amarlo con todo lo que está dentro de él y encima de él, con sus sombras también?



La frase estaba bien dicha y la estudiante se quedó pensando. A Jaromil le pareció que no estaba todo perdido” 0 comentarios

La Bolsa de Agua Caliente



Esta historia fue escrita por una Dra. que trabajó en Sudáfrica...

Una noche, yo había trabajado duro para ayudar a una madre en su trabajo de parto; pero a pesar de todo lo que pudimos hacer, ella murió dejándonos con un bebé prematuro diminuto y una hija de dos años que lloraba. Habríamos tenido dificultad en mantener con vida al bebé, ya que no teníamos incubadora (ni siquiera teníamos electricidad para hacer funcionar una incubadora).

Tampoco teníamos facilidades para darle alimentación especial. A pesar de vivir en el ecuador geográfico, las noches a menudo eran frías con corrientes de aire traicioneras. Una comadrona estudiante fue a traer la caja que teníamos para esos bebés y la frazada de algodón en la que debería envolverse al bebé.

Otra fue a avivar el fuego y a llenar una bolsa con agua caliente. Regresó rápido apenada a decirme que al llenar la bolsa, esta se había reventado (el plástico fácilmente se echa a perder en los climas tropicales). Exclamó, '¡Y es nuestra última bolsa para agua caliente!'

Igual que en occidente, no es bueno llorar sobre la leche derramada así también es en el África Central no es bueno llorar sobre una bolsa para agua caliente estallada. Estas no se dan en los árboles, y no hay farmacias en los extravíos de la selva.

'Está bien,' le dije, 'ponga al bebé tan cerca del fuego con todo el cuidado que pueda, y duerma entre el bebé y la puerta para librarlo de los vientos. Su trabajo es mantener al bebé con calor.' La tarde siguiente, tal como lo hacía la mayoría de días, fui a orar con algunos de los niños del orfanato que elegían reunirse conmigo. Yo les di a los más jóvenes varias sugerencias de cosas por las cuales orar y les conté del diminuto bebé. Les expliqué nuestro problema de mantener al bebé lo suficientemente cálido, mencionando lo de la bolsa para agua caliente, y que el bebé podría morir demasiado fácil si se enfriaba. También les conté de la hermanita de dos años, llorando porque su mamá había muerto.

Durante el tiempo de oración, una niña de diez años, Ruth, oró con la forma usual concisa y sin remilgos de nuestros niños africanos. 'Por favor, Dios' oró ella, 'envíanos una bolsa para agua caliente. No nos servirá mañana, Dios, porque el bebé ya estará muerto, así que por favor envíanosla esta tarde.'

En lo que me tragaba una bocanada de aire frente a la audacia de la oradora, ella agregó, '¿Y a la vez, podrías por favor enviarnos una muñeca para la pequeña hermana para que sepa que realmente la amas?'

Como pasa con la oración de los niños, fui puesta en un apuro. Podía decir yo honestamente, 'Amén'. Simplemente no creí que Dios pudiera hacer esto. Oh, si, yo sé que Dios todo lo puede, la Biblia dice así. Pero hay límites, ¿o no? La única forma en que Dios podía responder a esta oradora muy particular sería enviándome un paquete desde mi país. Yo había estado en África por casi cuatro años para ese entonces, y nunca, nunca había recibido un paquete enviado desde mi país. De todos modos, si alguien me envió un paquete, ¿quién pondría una bolsa para agua caliente? ¡Yo estaba viviendo en el ecuador geográfico!

A media tarde, cuando estaba dando clases a las enfermeras, recibí el mensaje de que un carro estaba estacionado en la puerta de enfrente de mi residencia.

Cuando llegué a mi casa, el carro ya se había ido, pero allí, sobre la baranda, había un paquete grande de veintidós libras. Sentí lágrimas mojando mis ojos. No podía abrir el paquete yo sola, así que mandé a llamar a los niños del orfanato.

Juntos tiramos de las cintas, deshaciendo cuidadosamente cada nudo. Doblamos el papel, cuidando de no romperlo demasiado. La excitación iba en aumento.

Algunos treinta o cuarenta pares de ojos estaban enfocados en la gran caja de cartón.

De hasta arriba, saqué unos jersey de punto de colores brillantes. Los ojos relumbraban conforme los levantaba. Después había las vendas de punto para los pacientes leprosos, y los niños mostraron un leve aburrimiento. Luego venía una caja de pasas mixtas con pasas de Esmirna -estas harían una porción para el pan del fin de semana. A continuación, cuando volví a meter la mano, pensé ¿...estoy sintiendo lo que en realidad es? Agarré y saqué si, una bolsa para agua caliente, nueva. Lloré. No le había pedido a Dios que me la enviara; porque realmente no creí que Él pudiera hacerlo. Ruth estaba al frente de la fila que formaban los niños. Ella se abalanzó, afirmando, '¡Si Dios nos envió la bolsa, debió mandarnos también la muñeca!'

Hurgando hasta el fondo de la caja, ella sacó la muñeca pequeña y bellamente vestida. ¡Sus ojos brillaron! ¡Ella nunca dudó!

Viendo hacia mi, preguntó: '¿Puedo ir con usted y darle esta muñeca a la niña, para que ella sepa que Jesús la ama en realidad?'

El paquete había estado en camino por cinco meses completos. Empacado por mis antiguos alumnos de la escuela dominical, cuyo líder había escuchado y obedecido a Dios urgiéndole a enviar una bolsa para agua caliente, a pesar de que iba para el ecuador geográfico. Y una de las niñas había puesto una muñeca para una niña africana -cinco meses antes, en respuesta a la oradora de diez años que creyó y pidió que lo trajera 'esa tarde.'

'Antes de que pidan, yo responderé' (Isaías 65:24). Esta asombrosa oración toma menos de un minuto. Cuando usted recibe esto, dice la oradora, es todo lo que tiene que hacer. No hay ataduras. Sólo envía esto a quien quiera que desees -pero envíalo. Orar es uno de los mejor dones que recibimos. No tiene costo y trae muchas recompensas.

Padre, te pido que bendigas a mis amigos que están leyendo esto ahora mismo.
Te pido que ministres a sus espíritus en este preciso momento. Donde haya dolor, dales Tu paz y merced. Donde haya duda, libera una confianza renovada que trabaje en ellos. Donde haya cansancio o estén exhaustos, te pido que les des entendimiento, guía, y fortaleza para que ellos aprendan la sumisión a tu liderazgo. Donde hay estancamiento espiritual, te pido los renueves revelando tu cercanía, y trazándoles una intimidad más grande hacia Ti. Donde hay temor, revela Tu amor, y libera tu coraje hacia ellos. Donde hay pecado que los bloquea, revélaselos, y rompe su atadura sobre la vida de mis amigos.

Bendice sus finanzas, dales mayor visión, y levanta líderes y amigos que los apoyen y les den coraje. Dale a cada uno de ellos discernimiento y revélales el poder que tienen en Ti para defenderlos. Te pido estas cosas en el nombre de Jesús.
¡Que Dios tan importante! ¡Esto es asombroso! Isaías 65:24 0 comentarios

PISCINA






Estoy de regreso, luego de unos largos dias si aportar nadita, me reintegro, he estado con mucho que estudiar y trabajo.
En estos días me encontré en la web sobre una curiosa piscina,

Si quiere broncearse en esta piscina, tiene que gustar de la altura y subir al Piso 55 del Hotel Marina Bay Sands, en la ciudad de Singapur.

Nadar en el borde no es tan arriesgado como parece, porque el agua que se desborda es colectada por una especie de canal, donde el agua es bombeada de vuelta a la piscina.

Tiene un largo de 150 metros y es del tamaño de tres piscinas olimpicas. Se apoya sobre las tres torres del hotel mas caro del mundo, formando una especie de navío y es la piscina mas grande del mundo a esa altura. 0 comentarios

La voz al otro lado..


Cuando yo era niño, aún muy pequeño, mi padre compró el primer teléfono de nuestro vecindario. Recuerdo bien aquel aparato negro y brillante que se hallaba sobre la cómoda de la sala. Yo era muy chico para alcanzarlo, pero me quedaba escuchando fascinado mientras mi madre hablaba con alguien.
Un día descubrí que dentro de aquel objeto maravilloso vivía una persona fantástica. Se llamaba “Información, por favor" y no había nada que ella no supiera. “Información, por favor" podía suministrar cualquier número de teléfono y hasta la hora correcta.
Mi primera experiencia personal con ese genio de la botella vino un día en que mi madre se encontraba fuera, en casa de unos vecinos. Yo estaba en el garaje, revolviendo en la caja de herramientas, cuando me golpeé un dedo con el martillo. El dolor era terrible, pero no tenía motivo para llorar, ya que no había nadie para consolarme.
Andaba por la casa chupándome el dedo dolorido, hasta que pensé:
“¡El teléfono!”
Rápidamente cogí una pequeña escalera que coloqué frente a la cómoda de la sala. Me subí a la escalera, descolgué el auricular del gancho y lo apreté contra mi oído.
Alguien atendió y yo dije:
“Información, por favor".
Oí dos o tres rings, hasta que una voz suave y nítida habló en mi oído.
"Información. Dígame“.
“Me he golpeado el dedo..." y las lágrimas vinieron fácilmente, ahora que tenía audiencia.
“¿Tu madre no está en casa?", preguntó ella.
“No, no hay nadie", sollozaba.
“¿Estás sangrando?“
“No, pero me he golpeado con el martillo y me duele mucho“.
“¿Puedes abrir la puerta del congelador?”
Respondí que sí.

“Entonces coge un cubito de hielo y póntelo en el dedo”, dijo la voz.
Tras aquel día, yo conectaba con “Información, por favor” por cualquier motivo.
Ella me ayudó con mis dudas de geografía y me enseñó dónde estaba Filadelfia. Me ayudó con los ejercicios de matemáticas. Me enseñó que la pequeña ardilla que traje del bosque tendría que comer nueces y pequeñas frutas...
Cuando Petey, mi canario, se murió, yo llamé a “Información, por favor” y le conté lo ocurrido. Ella me escuchó y comenzó a hablar de esas cosas que se le dicen a un niño que está creciendo. Pero yo me sentía inconsolable y preguntaba:
“¿Por qué tienen que morirse unos pajaritos que cantan tan bien y dan alegría a los demás?”
“Paul, recuerda siempre que existen otros mundos donde también se puede cantar”.
De alguna manera, después de esto me sentí mejor.
Al día siguiente, allá estaba yo de nuevo.
“Información. Dígame”, dijo la voz ya tan familiar.
“¿Usted sabe cómo se escribe ‘excepción’?“
Todo esto aconteció en mi ciudad natal, al norte del Pacífico.
Cuando yo tenía 9 años, nos mudamos a Boston. Añoraba mucho a mi amiga. “Información, por favor” pertenecía a aquel viejo aparato telefónico negro, y yo no sentía ninguna atracción por nuestro nuevo teléfono blanco que se hallaba sobre la cómoda de la nueva sala.
Pasó el tiempo y fui creciendo, pero los recuerdos de aquellas conversaciones infantiles nunca se alejaron de mi memoria.
Frecuentemente, en momentos de duda o perplejidad, he intentado recuperar el sentimiento de seguridad tranquila que tenía en aquel entonces.
Hoy puedo comprender lo muy paciente, comprensiva y dulce que fue aquella mujer al perder su tiempo en atender las consultas de un niño.
Algunos años después, cuando ya iba a la universidad, mi avión hizo escala en Seattle. Yo tenía más o menos media hora entre los dos vuelos. Hablé por teléfono con mi hermana, que vivía allí, unos quince minutos. Entonces, casi sin darme cuenta, marqué el número de la operadora de mi ciudad natal y pedí:

“Información, por favor”.
Como en un milagro, escuché la misma voz dulce y clara que tan bien conocía:
“Información. Dígame”.
“¿Usted sabe cómo se escribe ‘excepción’?” pregunté.
Se produjo una larga pausa. Luego, una suave respuesta:
“Tu dedo ya está mejor, ¿verdad Paul?”.
Me eché a reír.
“¡Así que es usted misma! ¡No se imagina lo importante que fue para mí en aquel tiempo!”
“Sí que lo imagino. Y tú no sabes cuánto significaba para mí aquella comunicación. No tengo hijos y me pasaba el día esperando tu llamada”.
Le conté lo mucho que me había acordado de ella en los últimos años y pregunté si podría visitarla cuando fuese a ver a mi hermana.
“¡Claro que sí! Pregunta por Sally”.
Tres meses después fui a Seattle. Al telefonear, me respondió una voz desconocida.
“¿Podría hablar con Sally?”, dije.
“¿Usted es amigo de ella?”, preguntó la voz.
“Soy un viejo amigo. Mi nombre es Paul”.
“Lo siento mucho, pero últimamente Sally estaba trabajando aquí sólo a media jornada, porque se encontraba enferma. Por desgracia, murió hace cinco semanas”.
Antes de que yo pudiera colgar, la voz añadió:
“Espere un momento. ¿Dijo usted que su nombre es Paul?”
“Sí”.
“Sally le dejó un mensaje. Lo escribió y me pidió que yo lo guardase por si usted llamaba. Se lo voy a leer”.
El mensaje decía:
“Dile que aún creo que existen otros mundos donde la gente también puede cantar.
Él lo comprenderá”.
Di las gracias y colgué.
Lo comprendí.
Autor desconocido. 0 comentarios

El Rompecabezas


Un cientifico estaba trabajando en su
laboratorio cuando entro su hijo de cinco años
dispuesto a ayudarle.
él cientifico , que tenia mucho trabajo y no
queria ser interrumpido , pensó en darle un entretenimiento
al niño para que no lo molestase.
Recordó de una revista un mapa del mundo,
lo cortó en muchos trocitos y se lo dio a su hijo junto
con cinta adhesiva para que lo compusiera.
Como no lo habia visto nunca ese mapa , el cientifico penso que tardaria muchas horas en hacerlo..
Cual fue su sorpresa cuando,
al cabo de unos minutos el niño le dijo:
ya esta papa!!! ya lo termine!!!

el cientifico se quedó sorprendido por unos momentos,
pero se giro pensando que no veria mas que una chapuzeta
tipica de un niño de cinco años..
sin embargo, el niño le mostraba
el puzzle totalmente echo y con todas sus piezas en su sitio..
le pregunto asombrado:
como lo has hecho hijo?

muy facil!! papa!! cuando recortaste de la revista, me di cuenta de que , por detras del mapa, habia dibujado un hombre..
Cuando me diste los trocitos. les di la vuelta e hice
el rompecabezas del hombre,
CUANDO TERMINE DE ARREGLAR EL HOMBRE , ME DI CUENTA
DE QUE HABIA ARREGLADO EL MUNDO...

¿ Recuerdas cuando eras un niño y jugabas a armar un rompecabezas ?
Creo que responderas que si, y aunque no haya sido un rompecabezas moderno, quiza tu mismo en alguna ocasion hayas preparado uno, rompiendo algun periodico y tratando de armarlo, o cuando rompias un jarron de la abuela, y lo pegabas por piezas.
Armar un rompecabezas no es facil, porque requiere concentracion y tambien interes, sino es asi, entonces dejaras la pieza inconclusa.
Nuestra vida, tambien es un rompecabezas, y asi nos vamos encontrando miles y miles de piezas que nos faltan.
Cuando somos bebes, pensamos que todo lo que esta a nuestro alcance, nos pertenece, luego entramos a la edad de asistir a los centros de estudio, y otro rompecabezas vendra, al saber que tendremos que pasar muchos examenes para conseguir pasar al siguiente nivel.
Luego nos graduamos, y vendra el rompecabezas por obtener un buen trabajo, y cuando comienzas a disfrutar de tu salario, entonces te enamoras, y un nuevo rompecabezas vendra a tu vida, el del matrimonio.

Comenzaras alquilando una pequeña habitacion y luego vendra el rompecabezas para comprar una casa, se iran agregando las piezas de los hijos que naceran y cada dia, sentiras que la presion aumenta porque necesitaras encontrar mas piezas para continuar viviendo.

No podemos arreglar el mundo, pero si podemos ser una pieza de las piezas del rompecabezas del mundo, iniciar por ordenar nuestras vidas en primera instancia, y ayudar completar ese puzzle con las piezas en su lugar indicado.
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Torre de Babel


Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras. Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla. Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra. Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra. (Génesis 11:1-9) 0 comentarios

Si me llamaras


¡Si me llamaras, sí,
si me llamaras!

Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!

Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Por que si tú me llamas
-¡si me llamaras, sí, si me llamaras!-
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.


Nunca desde los labios que te beso,
nunca
desde la voz que dice: "No te vayas".
Pedro Salinas 0 comentarios

Pelea por la vida


Qué duda hay?

Qué duda cabe que la vida es lo más valioso que tenemos en nuestras manos. A ella llegamos un buen día, pasamos un tiempo indefinido y, finalmente, la abandonamos. Esta vida a la que nos referimos, aquélla que se nos va cuando morimos, es un tesoro de incalculable valor, porque la otra vida, aquélla de la cual ignoramos todo, no sabemos cómo será ni tan siquiera si será.


Sin embargo, este transcurrir por la vida que sí conocemos se ha mostrado muchas de las veces harto complejo. La vida ha significado en tantas ocasiones "una lucha" que es conveniente saber que la vida no será un "camino de rosas", sino, muy al contrario, un lugar desapacible donde sufriremos más de lo que merecemos. Lo sabemos: unos llegan al mundo "con estrella" y otros, ¡¡¡¡estrellados!!! Éstos últimos no lo han tenido fácil (ni lo tendrán), y en más de una ocasión (y en más de cien) tendrán que "buscarse la vida" más de lo necesario. Para éstos, más que para nadie, "La lucha por la vida" les ha hecho concebir ciertas esperanzas de conseguir la felicidad, pues en su esfuerzo se ve más recompensada la esperanza del triunfo.
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LA RUTINA


Era una de esas tantas veces que discutíamos sobre cosas sin importancias, hablábamos de trivialidades, y así nos debatíamos en banalidades.

Siempre en la espera de la ansiada hora para salir a mi trabajo, tú para el tuyo, donde pasarán las horas estrepitosamente, y tú, inmutable sentado en la oficina mirando tras la ventana la cotidiana vida, sin hacer nada por cambiar la misma rutina.



Tu preocupante leer el periódico para ver el deporte, primero el baseball, luego todos los demás, aunque ni lo entiendas, es solo costumbre como toda tu vida que se basa en costumbres.

Ya en la tarde los dos terminamos, llegamos cansados y sin ganas de comentar nada, solo bañarnos y comer para luego como todas las noches ir a la cama..

Y así los días y días interminables sin variación, igualitos, como si el tiempo se hubiese detenido en nuestra casa.

Por fin a descansar, con el pequeño intervalo de tratar de querer hacer el amor, la misma rutina, la misma posición, los mismos besos, las mismas caricias, el mismo dar y recibir, las mismas ganas de terminar y descansar.



¿Que día y que instante se perdió, la pasión, los deseos,
las ganas de estar juntos , las ilusiones , los sueños de amor?


... creo fue culpable la vida, , el trabajo, las preocupaciones, el deseo de tener un carro mejor, una casa mejor, dejó en tinieblas, nuestro bello amor..

Que pena… mira lo que ha quedado de aquella pareja que antaño soñaba, con un hogar feliz, solo puras canas en el pelo, en sus ojos cansancio de no disfrutar la vida unas libras de más que indican que hasta su peso se les fue de las manos.

Y en su rostro un aburrimiento total, y un desgano del alma, un millar de ilusiones frustradas, y unos deseos desesperados que ahogados están hace mucho, o perecieron poco a poco y tristemente en la rutina.



Llegado a este punto de agobio por causa de la rutina es muy difícil volver a comenzar, pero no es imposible. Toda pareja puede recuperar ese amor que un día se tuvieron y que los empujó a planificar juntos una vida llena de ilusiones y proyectos en común. Todo dependerá del esfuerzo que cada uno ponga por librarse de las pesadas cadenas que los atan a las conductas mecánicas y pongan en práctica aquellas cosas que les sirvan para resurgir como amantes: creatividad y sentido del humor serán indispensables en esta etapa. 0 comentarios

LEALTAD


En cada relación el amor capacita y desarrolla a la persona. Las personas cada vez adquirimos mas experiencias conforme vamos conociendo mas personas. El amor que nos tienen nos hace sentir indispensable, cotizados, y queridos como también nos lleva a pensar que esa persona estará siempre con nosotros a pesar de lo que hagamos. El problema es que frecuentemente olvidamos quien fue el que nos llevo a esta posición..

Cuentan que un rey ascendió a su esclavo Asnar a trabajar en las labores Administrativas y luego lo nombro su tesorero. Un día los consejeros del rey celosos le dijeron que Asnar estaba robando sus riquezas ya que entraba demasiado a la bóveda. El rey inicialmente no creyó, pero ante la insistencia de los consejeros, acepto esconderse en la bóveda para pescarlo in fraganti. Así, el rey en la bóveda lo vio dirigirse a los tesoros y sacar una bolsa escondida con su ropa de cuando era esclavo. Asnar, vestido de esclavo se miraba al espejo diciendo: “Mira de donde vienes y recuerda lo que tu rey a hecho por ti. Sírvele siempre con amor y reconoce su apoyo y confianza con tus actos. En ese instante salio el rey con lagrimas en los ojos y le dijo: “Asnar, hoy yo venia a darte una lección, pero la lección me la has dado tu a mi, una lección de lealtad”.

Lealtad es la capacitad de reconocer y valorar lo que nuestra pareja hace por nosotros, respetando los compromisos implícitos y explícitos. Hoy, es cada vez más escaso el valor de la lealtad en el amor. Vemos con frecuencia como personas mantienen más de una relación a escondidas, o como personas con tantos años en una relación, buscan inmediatamente otra persona sin importar el da. Unos de los motivos de la falta de lealtad se deben a que estamos muy concentrándoos en nosotros mismos.

El entorno en que vivimos crea un ambiente amenazante que nos orienta a pensar egoístamente. En cambio la lealtad en el amor implica orientarnos a pensar por encima de nosotros mismos para pasar a pensar en dos personas, y valorar la contribución realizada por aquella hacia nosotros.

La lealtad es como el aire. Cuando lo tenemos, no lo valoramos, respiramos de forma automática, sin pensar. Sin embargo, cuando nos falta el aire, recién entendemos su valor y contribución a nuestra vida. Igualmente cuando las persona no nos son leales en el amor, tomamos conciencia con nuestro dolor de la importancia de este valor. Sin pecar de soberbia, recuerdo que en un trabajo, una persona de 44 años se me enamoro; pasé un año aprendiendo de ella en el trabajo. Y al cabo de un tiempo conocí a su enamorado quien me pidió referencias sentimentales de esa persona, yo accedí pero quise cobrarle por ello, cuando en realidad era lo menos que podía hacer. Era muy joven y no conocía el valor de la lealtad, ahora después de un tiempo he aprendido la lección. Lealtad, sin embargo, no significa seguir a ciegas a las personas cuando nos piden actos que van en contra de nuestros principios.

Lealtad es la capacidad de expresar lo que pensamos, para así proteger a nuestra pareja y no llegar a hacerle daño. Como narra esta fábula, he aprendido que la lealtad en el amor a pesar de la lejanía, es reconocer y valorar lo que sientes por mí, valorándola y contribuyéndola con respeto y equidad.

La lealtad es un valor, pues quien es traidor se queda solo. Cuando somos leales, logramos llevar la amistad y cualquier otra relación a su etapa más profunda.
Texto de Carlos Olivo. 4 comentarios